miércoles, 9 de noviembre de 2011

caidas


Mientras todos hemos intentado divertirnos a raíz de nuestro Bicentenario, la historia misma nos llama a cuestionarnos y replantearnos cada vez más cual será la forma de seguir observando y llevando nuestra vida. Contemplar nuestra vida y nuestra filosofía de en relación a grandes temas como la Paz, el Amor,, La Compasión, Los errores y Caídas ....
……Respecto a uno de estos y otros temas les invito.......
En nuestra infancia hemos necesitado un promedio de 1.800 caídas para aprender a andar. Cada una de ellas nos ha enseñado un nuevo matiz que, posteriormente, fuimos elaborando y convirtiendo en experiencia. En realidad, cada caída que sufrimos en la vida es un aprendizaje, una lección del camino que en nada conlleva culpa ni castigo, tan sólo crecimiento y ampliación de consciencia.
A veces, cuando caemos, hablamos de equivocación, sin tener en cuenta que los hechos acontecidos han tenido sentido en un diseño más amplio de la existencia. Y así como en el “gimnasio de la atención”, lo importante no es despistarse, sino darnos cuenta de que nos hemos despistado, de la misma forma, en la vida, lo importante no es “caerse” o cometer errores, sino darnos cuenta de todo el entramado emocional y mental que subyace en la caída.
Cada acción cometida, por equivocada que parezca, está conectada con un infinito tejido de interrelaciones que se remontan a los confines más alejados de las galaxias. Nada existe aisladamente y ningún acontecimiento ya pasado puede ahora ser evitado. Tras la caída, la gran aventura de la vida está en levantarse y seguir adelante, pero entonces progresando con más templanza y una visión más amplia. A veces, la vida requiere de sucesos críticos que alteran nuestro equilibrio. Gracias a ellos, el modelo se renueva y regenera. El diseño recuerda a un laberinto de logros y pérdidas que rompen el orden previsto de la trayectoria.
La Ley de la Impermanencia también afecta a las relaciones personales en las que, de pronto, estalla el conflicto y se pierde la medida justa entre las personas. El Universo escribe recto con líneas torcidas y lo que, al principio, pareció un fallo, más tarde comprobamos que ha hecho aflorar partes ocultas de uno mismo a la luz de la consciencia. Se trata de partes que, para conseguir sobrevivir, tuvimos que sepultarlas en la sombra. ¿Acaso no es frecuente que los hábitos y las viejas manías tapen verdades sumergidas y “rigidizan” la creatividad de las personas?
La vida es tan sabia que se vale del dolor de la caída para reorientar el camino e imprimir nuevas conductas. Si bajábamos la montaña atolondrados y nos caímos, el dolor nos recuerda atención a cada paso de la marcha. Un dolor que se vincula a la desatención y, en lo sucesivo, hacer brotar más prudencia. En el futuro, sucederá que ya ni nos cegaremos tanto con la meta, ni perderemos la atención del momento presente que, en realidad, es lo que importa. Por otra parte, el dolor de la caída es pasajero y una vez cumplida su misión, bien sabemos que abandona.
¿Qué he aprendido de esta caída? Tal vez, la respuesta es algo más de lo que a primera vista parezca. Mientras tanto, demos gracias al Universo porque la vida, a través de los fallos y los errores, abre el cofre de nuestros secretos y, asimismo, destapa luces e íntimas sombras. Y sucede que cuando el tropiezo se acepta, nos tornamos más flexibles y tolerantes porque, simplemente, la vieja rigidez es algo que apaga la música de nuestra alma. Cuando la tormenta pasa, las aguas que permanecían estancadas vuelven, de nuevo, a fluir renovando el curso de la vida e integrando la visión de áreas ocultas y olvidadas.